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Los titiriteros y los límites a la libertad de expresión

La representación el pasado sábado en Madrid de una polémica obra de títeres ante numerosos niños ha generado un gran revuelo mediático y social. Unos piden responsabilidades a los autores de la obra y a los políticos que la han permitido mientras que otros se llevan las manos a la cabeza porque creen vulnerada la libertad de expresión de los titiriteros. Intentaré, desde el punto de vista legal, analizar de forma muy breve si una obra que incluye goras a ETA, violaciones a monjas o ahorcamientos de jueces está amparada o no en el derecho de la libertad de expresión.

El Tribunal Constitucional ha definido a la libertad de expresión como la “libre manifestación de creencias, juicios o valoraciones subjetivas, estos es, como libre difusión de ideas u opiniones”. Pero al igual que la Constitución Española consagra este derecho, el apartado cuatro del artículo 20 establece que “estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor…” Esos límites los ha establecido el propio Tribunal Constitucional cuando se reproduzcan “frases y expresiones ultrajantes y ofensivas sin relación con las ideas u opiniones que se expongan, y por tanto, innecesarias a este propósito.[1]

El Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, reconoce el derecho a la libertad de expresión, pero señala igualmente que el ejercicio de estas libertades, que entrañan deberes y responsabilidades, podrá ser sometido a ciertas formalidades, condiciones, restricciones o sanciones previstas por la ley…”  En el mismo sentido se pronunció el Tribunal Europeo de Derechos Humanos cuando afirmó que “en efecto, quién se valga de su libertad de expresión asume, según los propios términos de ese párrafo, deberes y responsabilidades.[2]

La sátira, que es una forma de expresión artística y comentario social, que, exagerando y distorsionando la realidad, pretende provocar y agitar y se encuentra amparada por el ejercicio de la libertad de expresión. Por lo tanto, es necesario examinar con especial atención cualquier injerencia en el derecho de un artista a expresarse por este medio Pero eso no quiere decir que toda sátira sea impune ante la protección del derecho al honor. Tanto es así que son numerosos los pronunciamientos de los Tribunales en los que se condena por vulneración del derecho al honor cuando éstas se extralimitan en el ejercicio de su derecho de crítica. Un ejemplo de esto es la Sentencia de 14 de abril de 2000 del Tribunal Supremo que establece que “por consustancial que sean al género satírico tanto la ridiculización del personaje y el tono jocoso o burlón como la brevedad y rotundidad del mensaje, dicho género no puede quedar por completo al margen de la protección que merezca el honor del personaje objeto de burla o, dicho de otra forma, el acudir a ese género no borra ni elimina los límites que impone la protección del derecho fundamental al honor.”

En el mismo sentido ha tenido ocasión de pronunciarse el Tribunal Constitucional cuando afirma que “no se había vulnerado el derecho a la libertad de expresión de los demandantes, en la medida en que los dibujos y las expresiones utilizadas por éstos eran ofensivos y humillantes para las personas concernidas y vulneraban su honor y su reputación.” Esta resolución que fue llevada ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, fue ratificada por éste al entender que “los demandantes habían sobrepasado los límites aceptables del derecho a la crítica[3] Lo resume muy bien DE VERDA Y BEAMONTE cuando dice que “una cosa es conceder mayor margen de libertad para la crítica realizada en el marco de un tono jocoso o burlón y otra, muy distinta, que el objeto de la sátira haya de soportar cualquier tipo de intromisión.”

Por eso, desde el punto de vista del derecho civil, la actuación de los “artistas” ha sobrepasado, en mi opinión, los límites de la libertad de expresión. Y todo esto sin tener en cuenta la vía penal y el hecho de que haya sido realizado ante niños menores de edad.

 

Ramón Herrera de las Heras

Profesor de Derecho civil de la Universidad de Almería

Socio de Universitas Legis



[1] Vid. Sentencia del Tribunal Constitucional de 22 de septiembre de 2008

[2] Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso Vereinigung Bildender Künstler c. Austria, no 68354/01, 2007

[3] Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en el caso Vereinigung Bildender Künstler c. Austria, nº 68354/01, 2007